El Senado de Estados Unidos necesitaba 60 votos para empezar a discutir formalmente el Clarity Act, el proyecto que iba a repartir por ley qué activos digitales regula la SEC (el regulador de valores) y cuáles la CFTC (el regulador de materias primas y futuros). El 15 de septiembre de 2026 consiguió 49. La votación de cloture —el mecanismo que corta el filibusterismo, o bloqueo por debate indefinido— fracasó por 11 votos.
Es una distinción que buena parte de la cobertura pasó por alto: no era la votación final del proyecto H.R. 3633, sino cloture sobre la moción para proceder, el paso que habría permitido debatirlo formalmente y considerar enmiendas. El Clarity Act nunca llegó a esa etapa.
La aritmética exacta
Los 49 votos a favor fueron republicanos, sin excepción demócrata. En contra votaron 46 demócratas más cuatro republicanos: Susan Collins, Josh Hawley, Jerry Moran y Thom Tillis. El demócrata Chris Coons (Delaware) no votó. Tillis, en cambio, había votado a favor y cambió a «no» al final por procedimiento: solo un senador del bloque ganador puede presentar luego una moción de reconsideración, que presentó de inmediato. Con 53 escaños republicanos, el partido necesitaba al menos siete votos demócratas para llegar a 60. No consiguió ninguno.
No fue un solo desacuerdo
Leer la derrota solo como «ética de Trump» simplifica de más. La senadora Elissa Slotkin explicó su voto en tres frentes: unas provisiones éticas débiles a su juicio, la falta de herramientas más fuertes contra el lavado de dinero y el financiamiento a Corea del Norte e Irán, y la falta de personal en la CFTC para hacer cumplir una ley de este tamaño. El texto final, de 630 páginas y publicado el 14 de septiembre, incorporaba 126 cambios que los republicanos dijeron responder a pedidos demócratas, incluida una revisión de las cláusulas de conflicto de interés entre Tillis y el demócrata Rubén Gallego. No fue suficiente.
La riqueza cripto de Trump, en cifras
El disparador político central fue la fortuna cripto de la familia Trump. Su declaración patrimonial de 2025 reportó más de US$1.400 millones en ingresos cripto: cerca de US$800 millones de World Liberty Financial, la empresa cofundada por Trump y sus hijos, y unos US$635 millones en regalías del memecoin TRUMP. La senadora Elizabeth Warren la resumió así: la cláusula de ética era «una hoja de parra débil que no va a impedir que haga sus próximos mil millones.» Su aplicación quedaba en manos del Departamento de Justicia de la propia administración Trump.
Lo que de verdad cambió sobre stablecoins
Vale corregir un punto que circuló mal: el proyecto no habilitaba, sin más, que las stablecoins —activos cripto que buscan mantener un valor fijo, normalmente 1 a 1 con el dólar— pagaran interés a cualquier usuario. El acuerdo que cerraron en mayo los senadores Tillis y Angela Alsobrooks prohibía un rendimiento equivalente al interés bancario sobre stablecoins inactivas, y solo dejaba espacio para recompensas atadas a actividad real en la plataforma. La banca comunitaria igual presionó, temiendo que ese resquicio le sacara depósitos al sistema bancario; la versión final le sumó al Tesoro autoridad para responder si eso ocurre. Esa pelea corre en paralelo a una ley que ya existe: el GENIUS Act, vigente desde julio de 2025, que regula las stablecoins de pago. El Clarity Act no era «la primera ley cripto» de Estados Unidos: era el intento de definir la estructura de mercado para el resto de los activos digitales.
El mercado, en caída pero no en línea recta
Bitcoin venía cayendo desde antes del resultado y cerró la sesión del 15 de septiembre cerca de US$75.900, entre 1,5% y 3%, según el momento de la medición. Ether bajó cerca de 3%, hasta unos US$2.404, y Solana cerca de 3,7%, a US$97. El golpe más fuerte lo tuvo XRP, que llegó a caer casi 8% —señal de que el mercado tenía puesta en esa moneda más expectativa regulatoria que en Bitcoin—. Coinbase perdió entre 7% y 10%, y Circle más de 10%, según la fuente. El resultado contrastó con lo dicho por el CEO de Coinbase, Brian Armstrong, quien había asegurado en CNBC el 20 de agosto estar «bastante optimista» de superar los 60 votos.
¿Sigue vivo el proyecto?
La arquitecta del proyecto, Cynthia Lummis, no dejó ambigüedad: «Creo que terminamos. Se acabó.» Cuando le preguntaron si volvería al pleno, respondió: «No.» La moción de reconsideración que presentó Tillis mantiene, técnicamente, una vía procesal abierta: el Crypto Council for Innovation calculó que podría haber otra votación de cloture dentro de dos días —estimación propia, no calendario oficial del Senado. Ninguna de las dos cosas resuelve el conflicto de fondo: la ética sobre la riqueza cripto de un presidente en funciones no se arregla por procedimiento. La señal a observar: si no hay una segunda votación de cloture en las próximas semanas, el intento queda parado para lo que resta de 2026, y cualquier reinicio dependerá del Congreso que asuma en enero de 2027.
Este artículo es periodismo informativo y no constituye asesoría legal ni financiera. Las implicaciones regulatorias varían según el país del lector.




