Por primera vez, las empresas cripto están entrando al sistema bancario de Estados Unidos por la puerta del frente. Y los bancos más grandes del país preparan una demanda para cerrársela. En menos de cinco meses, la cantidad de firmas cripto con permiso para operar como bancos nacionales de fideicomiso pasó de una a diez —después de casi cinco años en que Anchorage Digital fue la única—. El cambio es enorme, está a medio camino, y va rumbo a los tribunales.
Qué pasó, en orden
El golpe grande fue el 12 de diciembre de 2025: la OCC —el regulador bancario federal— aprobó cinco solicitudes el mismo día. Dos entidades nuevas, First National Digital Currency Bank (de Circle, la empresa detrás de USDC) y Ripple National Trust Bank; y tres conversiones de licencia estatal a federal: Paxos, BitGo y Fidelity Digital Assets. En febrero se sumaron Bridge (el brazo de stablecoins que Stripe compró en 2024), Protego y Crypto.com. El 2 de abril llegó Coinbase. Y en la fila de espera quedaron Morgan Stanley, Payoneer y Zerohash. La prensa lo resumió en una cifra: once empresas en la carrera en 83 días.
Un detalle que casi nadie aclara: estas entidades no emiten las stablecoins. Circle, por ejemplo, mantiene la emisión de USDC bajo una licencia separada de Nueva York; su banco nacional es para custodia y reservas, no para crear la moneda. Confundir las dos cosas infla lo que de verdad cambió.
Qué permite de verdad este permiso
“Se vuelven bancos” es una media verdad, y conviene bajarla. Un banco nacional de fideicomiso no es un banco comercial completo: no puede recibir depósitos minoristas asegurados por la FDIC, no puede dar préstamos como negocio, y ni siquiera cae bajo la ley que regula a los holdings bancarios. Lo que sí puede: custodiar activos y administrar las reservas de una stablecoin bajo un solo regulador federal, en vez de depender de un banco intermediario que podía cortarles el acceso de un día para otro. Es la puerta de entrada, no la sala completa. Y todo es condicional: cada empresa todavía debe constituirse y cumplir requisitos antes de operar.
El motor de esto no es ningún secreto. Es la GENIUS Act, la ley de stablecoins promulgada en julio de 2025, que exige que las reservas de estas monedas queden bajo supervisión federal. Todo se publicó en comunicados oficiales: no hubo conspiración silenciosa, hubo papeleo a la vista de todos.
Por qué la gran banca quiere pelear
Aquí se decide el final de la historia. El Bank Policy Institute —que representa a 40 bancos gigantes, entre ellos JPMorgan, Goldman Sachs y Citi— evalúa demandar a la OCC para frenar estas licencias. La asociación de bancos comunitarios, con 5.000 entidades, calificó la aprobación de Coinbase de “grave error”, y los supervisores estatales hablaron de un “charter Frankenstein”, armado con piezas legales que no fueron hechas para encajar.
El flanco que atacarán es procedimental, y es real: la OCC habilitó estos permisos apoyándose en una carta interpretativa de 2021 y en un cambio de redacción de su reglamento que entró en vigor el 1 de abril, en lugar de un proceso formal de consulta pública. Ese atajo es el blanco. A la presión se sumó la senadora Elizabeth Warren, que acusó al regulador de otorgar licencias ilegales. Esto está lejos de ser un hecho consumado.
Qué significa para América Latina
¿Por qué mirar esto desde la región? Porque las stablecoins en dólares como USDC son una de las vías por las que el dinero entra y sale de América Latina —pagos, remesas, ahorro de empresas y plataformas—. Que sus reservas pasen a estar bajo supervisión federal de EE.UU. les da una legitimidad que antes no tenían: más probabilidad de que bancos e instituciones serias las acepten sin reparos. Pero la otra cara es la misma moneda. Ese sello federal también significa un regulador estadounidense con más poder para ordenar congelamientos o exigir cumplimiento sobre esos fondos. La misma firma que da confianza es la que da control, y ambas llegan juntas.
Qué vigilar
La pregunta no es cuántas empresas más se anotan, sino si esto sobrevive. Uno: si la demanda de los grandes bancos se concreta, y qué dicen los tribunales sobre el atajo de la OCC —ahí se juega el edificio entero—. Dos: si estas entidades pasan de la aprobación condicional a operar de verdad. La línea entre cripto y banca se está borrando en Estados Unidos. Pero se borra en público, a medias y rumbo a los tribunales. Eso es lo que de verdad está pasando.
CryptoArepa informa, no recomienda.




