El token de inteligencia artificial más grande del mercado cripto se vende como “IA descentralizada”. A inicios de abril, el equipo que construyó su proyecto estrella se fue dando un portazo y lo llamó “teatro de descentralización”. Y mientras esa acusación estallaba, una gestora de Wall Street ya tramitaba un ETF para empaquetar exactamente esa narrativa. Tres cosas que no deberían ocurrir al mismo tiempo. Ocurrieron.
Hablamos de Bittensor (TAO). Vale la pena entender qué pasó, porque toca algo más grande que un solo token: la diferencia entre decir “descentralizado” y serlo.
Qué es Bittensor, en una línea
Bittensor es una red donde equipos independientes —llamados subnets— compiten por entrenar modelos de IA y, a cambio, reciben recompensas en el token TAO. La idea de venta es que nadie manda: la inteligencia se produce de forma abierta y distribuida. Esa promesa es la que sostiene el precio.
Qué pasó: el proyecto estrella se fue
El 10 de abril de 2026, Covenant AI —dirigido por Sam Dare— anunció en X que abandonaba Bittensor. No era un equipo cualquiera: operaba tres de las subnets más visibles de la red y había entrenado Covenant-72B, presentado como el mayor entrenamiento de un modelo de lenguaje de forma descentralizada hasta la fecha, un proyecto que incluso recibió elogios del CEO de Nvidia. Ese modelo fue, en buena parte, el combustible de la subida de TAO de casi 90% en marzo.
Dare acusó directamente al cofundador de Bittensor, Jacob Steeves (conocido como “Const”), de ejercer control unilateral sobre una red que se promociona como sin permisos. Según Covenant, Steeves habría suspendido las emisiones de TAO hacia sus subnets —cortándoles el ingreso—, revocado sus capacidades de moderación, deprecado su infraestructura sin proceso, y presionado económicamente con ventas grandes de token. La gobernanza “triunvirato” de tres firmantes que Bittensor presenta como distribuida, dijo Dare, no es real.
La evidencia que más incomoda
El mismo día apareció un sitio llamado Tao Papers con documentos internos y análisis on-chain de varios denunciantes. La afirmación más fuerte: de 41 actualizaciones de la red entre 2023 y 2026, 38 habrían sido propuestas, firmadas primero y desplegadas desde infraestructura controlada por Steeves, con los otros dos firmantes del multifirma co-firmando en minutos y sin discusión pública. Si ese número se sostiene, el “triunvirato” se parece más a una sola persona con dos sellos.
Pero ojo: el que acusa tampoco está limpio
Aquí es donde la mayoría de las coberturas se quedan a medias. Mientras Covenant hacía su denuncia “de principios”, el análisis on-chain rastreó alrededor de 37.000 TAO —más de 10 millones de dólares— saliendo de billeteras del equipo hacia exchanges. No pocos lo llamaron directamente un rug pull disfrazado de carta abierta: vender primero, denunciar después. Steeves, por su parte, no respondió a las acusaciones concretas; se limitó a decir que Bittensor está por lanzar subnets “headless” que funcionarán como verdaderas commodities.
Dos lecturas conviven, y ninguna es cómoda: la crítica a la gobernanza puede ser cierta y el denunciante puede haberse llevado dinero en la salida. En CryptoArepa no elegimos el villano por ti; te damos los dos lados.
El golpe al precio
El día del anuncio, TAO cayó más de 15% en el cierre, con caídas intradía que algunos rastreadores midieron hasta en 23–27% según cómo se cuente. Se borraron cerca de 900 millones de dólares de capitalización en horas. El detalle que importa: ese desplome llegó justo después de la subida de 90% en marzo que el propio modelo de Covenant había impulsado. La narrativa que infló el precio fue la misma que, al romperse, lo desinfló.
La ironía institucional
En diciembre de 2025, Grayscale presentó ante la SEC la solicitud para el primer ETP de Bittensor en Estados Unidos —un vehículo regulado para que el dinero institucional tenga exposición a la “IA descentralizada”. Es decir: Wall Street se prepara para vender el relato de la descentralización en el momento exacto en que ese relato recibe su cuestionamiento más serio desde adentro. No invalida la inversión; sí obliga a preguntar qué se está comprando realmente.
Qué significa esto para ti
Si tienes TAO o tokens de subnets, el riesgo de gobernanza dejó de ser teórico: se volvió visible y con precio. Y si no, queda una lección que sirve para todo el sector: “descentralizado” es, demasiadas veces, una palabra de marketing. Antes de creerla, la pregunta práctica es siempre la misma —¿quién controla el multifirma, las emisiones y las actualizaciones?— porque cuando la gobernanza se rompe, el que paga la cuenta es quien sostiene el token.
Lo que todavía no sabemos
No está confirmado de forma independiente que todas las cifras de Tao Papers sean exactas, ni cómo responderá Bittensor en el mediano plazo —129 subnets siguen operando pese al escándalo. Tampoco sabemos qué construirá Covenant ahora que se llevó “su investigación, su equipo y su visión”. Lo que sí quedó claro es que la pregunta sobre quién manda en la IA descentralizada ya no se puede esquivar.
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