OpenAI vende publicidad dentro de ChatGPT desde el 9 de febrero de 2026: anuncios que solo ven los usuarios de los planes gratuito y Go, seleccionados por el tema de la conversación y el historial del usuario, y que la empresa proyecta llevar a US$100.000 millones anuales para 2030. El problema es que, según sus propios números y los de analistas independientes, ese camino ya se está desviando de la meta por un margen considerable.
Cómo funciona: quién ve los anuncios y quién no
Los anuncios aparecen debajo de la respuesta de ChatGPT, con nombre del anunciante, imagen y enlace, y se seleccionan mediante una subasta de segundo precio ponderada por relevancia — el mismo mecanismo de fondo que usa Google Ads. OpenAI cruza «el contexto e intención de la conversación actual» con señales de uso previo del usuario; los anunciantes no reciben las conversaciones, solo métricas agregadas de vistas y clics, según la propia compañía.
Solo ven anuncios las cuentas de los planes gratuito y Go. Plus, Pro, Business, Enterprise, Education y cualquier cuenta identificada como de un menor de 18 años quedan excluidas por política. La empresa expandió el programa de forma escalonada — Canadá, Australia y Nueva Zelanda en marzo; Reino Unido, México, Brasil, Japón y Corea del Sur entre mayo y agosto — hasta llegar a India el 27 de agosto de 2026, mercado donde ChatGPT supera los 100 millones de usuarios semanales activos.
Cuánto cuesta y quién lo compra
El precio se movió rápido porque la demanda inicial no sostuvo el precio de lanzamiento. En febrero, OpenAI cobraba US$60 por cada mil impresiones (CPM) con un piso de inversión de entre US$200.000 y US$250.000. En apenas diez semanas ese CPM se erosionó hasta rondar los US$25. El 10 de abril, OpenAI bajó el piso de entrada a US$50.000 y lanzó Ads Manager, una plataforma de autoservicio con la interfaz de Google Ads; cinco días después pasó a cobrar por clic (CPC), con pujas de entre US$3 y US$5, para no seguir cobrando por impresiones que no convertían. En mayo sumó como socios a agencias como Dentsu, Omnicom, Publicis y WPP, y a proveedores de tecnología publicitaria como Adobe, Criteo, Kargo, Pacvue y StackAdapt — el mismo ecosistema que ya vende en Google y Meta, ahora también revendiendo en ChatGPT.
La apuesta de US$100.000 millones frente a la realidad de 2026
Las proyecciones internas filtradas a Axios en abril marcan la escalada: US$2.500 millones en 2026, US$11.000 millones en 2027, US$25.000 millones en 2028, US$53.000 millones en 2029 y US$100.000 millones en 2030. En julio, eMarketer calculó que todo el mercado de anuncios en chatbots de Estados Unidos combinado — ChatGPT, Copilot, Google AI Mode y Alexa juntos — quedará por debajo de los US$1.000 millones en 2026. Es decir: la meta que OpenAI se puso solo para sí misma supera lo que el analista espera para el mercado entero. La firma lo resumió así: el pronóstico «asume que OpenAI captura en masa el presupuesto publicitario de la búsqueda tradicional, domina un mercado de anuncios en chatbots ya maduro y supera a todo formato publicitario de la historia, todo al mismo tiempo».
El 31 de agosto, OpenAI anunció que ChatGPT superó los US$1.000 millones en publicidad — pero en tasa anualizada (run rate), no en ingresos reales ya facturados en el año: es el ritmo del mes proyectado a doce meses, no una suma de lo cobrado. Para ese momento, el objetivo interno de 2026 ya aparecía citado en US$2.300 millones, levemente por debajo de los US$2.500 millones filtrados en abril.
¿A quién le conviene más este negocio?
A los anunciantes, hoy, les conviene por precio: pujar entre US$3 y US$5 por clic en una audiencia que ya declaró su intención dentro de la propia conversación es barato frente a palabras clave competidas en buscadores tradicionales — mientras dure ese precio de entrada. A OpenAI le urge por el lado del gasto: la empresa recortó en febrero su plan de infraestructura de un compromiso original de US$1,4 billones a unos US$600.000 millones en cómputo hasta 2030, una cifra que, incluso si la meta publicitaria se cumpliera al 100%, seguiría siendo seis veces mayor que todo lo que la publicidad aportaría en ese mismo año. Al usuario gratuito le conviene mantener acceso sin pagar, a cambio de que el tema de sus conversaciones y su historial de interacción con anuncios pasen a alimentar el sistema de segmentación — un intercambio que OpenAI describe como reversible (se puede ajustar la personalización) pero que no es, para el usuario promedio, un dato tan visible como una factura.
La contraparte competitiva es explícita: Anthropic apostó lo opuesto con una campaña en el Super Bowl posicionando a Claude como «sin anuncios» y reportó un salto del 11% en usuarios activos diarios después; Perplexity abandonó sus planes publicitarios citando pérdida de confianza como riesgo mayor al ingreso que ganaría.
La señal a vigilar
Si el CPM se estabiliza por encima de los US$25 actuales y la adopción del autoservicio de Ads Manager crece más rápido que el ritmo de este año, la apuesta por alcanzar paridad con Google y Meta —algo que un analista citado por Adweek considera posible «si quieren», aunque exige tiempo que el calendario de salida a bolsa de OpenAI no parece darle— sigue en pie. Si los próximos reportes trimestrales muestran que el run rate se estanca lejos de los US$2.300 millones prometidos para este año, la meta de 2030 se sostiene solo como proyección de inversionistas, no como negocio en marcha.
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